Los belenes de musgo y las zambombas con piel de vejiga
Los belenes de musgo y las zambombas con piel de vejiga
Noticias de Used,en la Prensa histórica, me han dado mucho juego. Uno de los últimos hallazgos ha sido la Navidad en Used en la prensa murciana del año 1974, un artículo incompleto pero no por ello menos emotivo.
Un artículo que en la parte legible recorre la navidad por varias regiones de España y Used está ahí. Escribí a la hemeroteca murciana por sí acaso el escaneo había sido erróneo, pero nadie me ha contestado, o sea que continuamos con este trozo del artículo.
Curas de nueva hornada, con un jersey negro de cremallera encima de la sotana, esos ya existían cuando yo era niño, en los años cincuenta, y en Burgos es probable que los pastores bajasen de las montañas, pero en Used sería más fácil que los curas de nueva hornada animaran a las madres a llevar los niños vestidos de pastorcitos a la misa del Gallo.
Yo nací en 1950, cuando las vejigas del cerdo sacrificado en la matanza, nos las entregaban a los niños, y una vez limpias las golpeábamos sobre cenizas para tersar (01) su piel. Luego, les poníamos en la boca y cuello de entrada una paja de centeno para su inflado, se ataba a un pequeño y delgado palo y a pelear contra los amigos.
Si la vejiga duraba o se rompía de forma aprovechable, la colocábamos tersa sobre la boca de los alargados botes de hojalata, botes que transportaban el queso amarillo del Plan Marshall y que pacientemente los maestros partían y nos daban a la salida de la escuela por la tarde.
Había gente que conseguía tersar suficientemente la piel de la vejiga en el bote y colocando en su centro una caña delgada, conseguían sacarle un sonido a la zambomba para acompañar la estrofa del villancico en la Navidad. Esto, yo nunca lo conseguí, por mucho ajo que frotase en la caña y engrasara las manos con saliva.
Tomás (02) recuerda, como su padre hacía alguna zambomba para gente que sabía tocarla y también tersaba pieles de cabra y cabrito para hacer panderetas. Las panderetas, se tocaban en la fiesta de los quintos, que recorrían el pueblo acompañados por guitaras y laúdes y ellos complementaban los pasacalles con las panderetas. Las panderetas llevaban sonajeras y cascabeles y se le adornaban con cuatro cintas que arrancaban del bastidor, se anudaban en el centro de la pandereta y colgaban luego libremente. (Se agradecería, si alguien conserva una pandereta, me mandase una fotografía).
Los belenes de esa época tenían una preciosa particularidad y era su suelo de musgo natural. Hoy día, el musgo está protegido y no está permitido cogerlo.
Una semana antes de navidad, los niños y niñas recorríamos, con una azada y algún recipiente los chaparrales, buscando el musgo al pie de las chaparras, para montar los belenes. Las manos se humedecían rápidamente y tiritaban de frío, recuerda
Ascensión (03), cuando iba a recoger musgo para el belén de
la Iglesia, de figuras grandes y el de la Escuela, de figuras más pequeñas. Personalmente, recuerdo que terminaba con sabañones al día siguiente de ir a por el musgo. El verdor del musgo aguantaba justito hasta finalizar Reyes.
El belén de la Iglesia, lo recuerdo con especial cariño, porque eran unas figuras grande y cuando más tarde veo un belén napolitano siempre recuerdo el de Used. La grandeza que pudieran tener esas figuras para un niño, no sé si se corresponden a la realidad para compararlas sesenta años después. Pero siempre tendré ese recuerdo bonito de las figuras grandes del Belén de mi pueblo.
En muy pocas casas se ponían belenes, pero sí se montaban pequeños portales.
En la Nochebuena, nos juntábamos cerca de la estufa y con un brasero lleno de cisco para estar calentitos y tomar una cena con los productos que en aquella época había, cardo con salsa de almendras, que ahora ceno todas las nocheviejas del año, y de segundo abadejo frito para guardar la vigilia. Después, un poco de turrón y guirlaches del que tengo grandes recuerdos. Llevo muchos años fuera de la tierra del guirlache y los echo en falta, por ello, cuando los encuentro compro.
Para pasar el tiempo hasta la hora de la misa del Gallo, los que no eramos cantores, jugábamos unas partidas a las cartas, normalmente a los seises, para que participásemos los niños o algún juego de sobremesa. El juego de la Lotería, hoy renombrado como Bingo, era uno de los habituales en mi casa.
Y lo que realmente te apetecía era irte pronto a la cama porque a la mañana siguiente tenías tu Gallo, de torta dormida, sobre la mesilla para comerlo en el desayuno.
Fotografía copiada del Libro Las Recetas de Used, Herencia culinaria de nuestros mayores. Ayuntamiento de Used. Pág. 71
Acabo este relato con el día de Reyes, poniendo en el balcón un zapato, una lata con granos de cereal para los camellos y un recipiente con agua que a veces terminaba congelada. Los regalos, eran habitualmente cuadernos, algún plumier de madera o cartera de cuero para los libros, etc. Era muy raro ver a un niño con un juguete. La época era de mucha escasez y cuando comentamos en estos tiempos los regalos de entonces, alguien comenta, y las abuelas estaban al quite para guardar el cuaderno de Reyes, para el año siguiente.
Desde finales de los años setenta, no he podido celebrar la navidad en Used, y supongo que la morriña que tengo es tanta como la del usedano que influyó en la autora del artículo, para describir esas navidades campesinas al calor del hogar y de la zambomba con piel de vejiga.
FELIZ NAVIDAD y QUE EL AÑO 2021 RETORNEMOS A LA NORMALIDAD


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