AÑO Y VEZ (VIII) La trilla y el ablentado
AÑO Y VEZ (VIII)
La trilla y el ablentado en la era
"Era mediados de julio. Las cogulladas, enderezando el moño, se escurrían. piando entre los pajones (cañas altas del rastrojo). Ya se iban los labradores, y en las eras, los trillos de pedernal cascaban la parva, que una vez afrailada (recogida y amontonada) la aventaban las horcas, y las cribas limpiaban el grano que había de ser el pan nuestro de cada día". Escribía José maría Hernández Pardos sobre su viaje a Used en el año 1915.
Lugar: primera era pasada la fuente vieja.
Alrededor de 1950 Antonio Abanto Hijazo, joven agricultor en aquellos años, escribe "Como ya se ha acabado el acarreo vamos a comenzar trilla".
La
vida salía del centro del pueblo para vivir en la era durante todo el
día, toda la familia participaba en los trabajos de la trilla. Para ello
se comía de la conserva de orza y el pan de flor y pastas que anteriormente se habían amasado en casa y cocido en el horno. Las tortas y el
dobladillo con chocolate eran los almuerzos y meriendas que solían
finalizar con una copita de dedal de anís para que el trago de agua
fuera más fresquito y se bebiera más cantidad de la misma. El sol
apretaba y las únicas sombras para los que trillaban y torneaban la
parva eran los sombreros de paja, el pañuelo grande de cuadros con nudos en sus cuatro esquinas y pañolones para las mujeres, recuerda Teresa Líarte Vicente. El interior del pajar también aportaba sombra y frescor, en el caso de que lo hubiese.
La era
Se ubicaba a las afueras del pueblo y en las partes más altas para un mejor aprovechamiento del viento en el momento de ablentar. El suelo se empedraba con cantos rodados para lograr una superficie plana donde se pudiera trillar y recoger fácilmente la paja y el grano. Muchas de ellas tenían un pajar, pequeña edificación de piedra con una sola puerta y sin ventanas, donde se guardaba la paja para su conservación.
Los hombres esparcían
la parva y realizaban las tareas manuales y que requerían algún tipo de
herramienta, las mujeres traían el almuerzo y la comida que se comían a
la sombra del pajar, de las hacinas o de cualquier carro o ablentadora
que la proporcionara. Y siempre había un rincón sombreado donde nunca
faltaba el botijo con agua fresca y tampoco las tortas y el dobladillo
con chocolate.
La parva
La primera tarea por la mañana, recuerda Antonio Abanto Hijazo, consistía en barrer la era y echar la parva, para ello una o dos personas escalaban a lo más alto de la hacina desde donde lanzaban los fajos al suelo y otras personas los recogían, deshacían y esparcían formando un gran circulo llamado parva.
En el suelo los hombres llevaban una navaja de hoja curva en su punta para cortar el fencejo o la cuerda que ataba los fajos, esparciendo después, las espigas por el suelo.
La mies esparcida se torneaba para esparcirla y ahuecarla para un mejor trillado, esto se realizaba con unas horcas de madera de cuatro o cinco ganchos y muy ligeras de peso y encima se colocaba el trillo tirado por un par de mulas o dos trillos en paralelo con tres mulas. Lo más habitual era con un solo trillo.
En la misma era de Vicente Pardos torneando la parva.
El trillo
Era el instrumento que se utilizaba para separar el grano de la espiga y cortar la paja en pequeños trozos. Contra más menudo era el trozo de paja, más deseada era para comida de las caballerías y de las ovejas, nos recuerda Tomás Martínez. Su padre, también ganadero con ovejas, fue uno de los últimos en abandonar el trillo en Torralba de los Frailes, porque la paja trillada con el trillo les gustaba más a las ovejas.
El trillo estaba hecho de listones de madera, curvados hacia arriba en su parte frontal y ensamblados con dos travesaños en la parte superior. La parte inferior tenía incrustadas o clavadas piedras de campanilla o de pedernal, como las define Antonio Abanto y a lo largo del trillo llevaba incrustadas una serie de sierras.
La trilla
Con trillo
Con la fresca de la mañana se ha barrido la era, el empedrado queda limpio y se comienza a extender la parva que se tornea para dejarla lo más homogénea posible. Se coloca el trillo sobre la parva y se enganchan las mulas al mismo mediante los tiros o trilladeras. Antonio Abanto recuerda con emoción el mimo que su padre y él tenían para colocar dichos tiros en las caballerías y así evitar rozaduras en las pieles de las mulas.
Comienza la trilla con el paso lento y taciturno de las mulas tirando del trillo, dando una vuelta y otra vuelta sobre el círculo que dibuja la parva. Los niños esperando, con nuestro sombrero de paja, para subirnos al trillo y disfrutar arreando las mulas.
Es hora de almorzar a la sombra del pajar o de la hacina, tajadas de la conserva con un trozo de pan y un buen trago de la bota o porrón de vino fresco. El botijo con agua de la fuente vieja no faltaba en ninguna era y era encargo para los más pequeños su rellenado en la fuente.
Las horas van pasando, se tornea la parva cada dos horas hasta el mediodía. Ahora se esparcen nuevos fajos de mies por encima de la parva y se dejan secar al sol, mientras se come y las caballerías descansan, nos recuerda Antonio.
Se reinicia de nuevo la trilla y el torneado de la parva, tareas que durarán hasta un poco antes de la puesta del sol.
Es hora de recoger la parva con la barrastra y Tomás Martínez nos recuerda la maniobra: La barrastra es una tabla de unos dos metros puesta de canto con dos anillas en sus extremos donde se enganchan los tiros de una sola mula, es dirigida por el agricultor mediante la esteva o palo guía situado en el centro. Para arrastrarla por el suelo el agricultor ponía uno o los dos pies encima y los chavales también nos subíamos encima de la barrastra hacia las orillas para sujetarnos en el tiro. Con la barrastra se arrastraba la parva hacia un lugar de la era donde con horcas se amontonaba y finalmente se barría la parva hasta dicho montón. Los chavales normalmente se caían unas veces detrás de la tabla y otras delante de la barrastra que te pasaba por encima y espabilabas para la siguiente vez.
Tras la barrastra venía el turno del barrido, con escobas de retama negra, que realizaban todas las personas que estaban en la era. No debía quedar un grano de cereal fuera del montón de la paja trillada.
En caso de lluvia imprevista durante la trilla, la parva se amontonaba y se barría rápidamente para que la lluvia mojara lo menos posible. Había mujeres que ayudaban a barrer y a las que se les pagaba con la merienda.
El centeno se esbalagaba para sacar el grano de la espiga y dejar la espiga entera para formar los bálagos. Para ello se cogía un puñado grande de espigas con las dos manos y sus cabezas se golpeaban contra una superficie dura, normalmente en la madera del trillo colocado verticalmente sobre uno de sus costados más largos. El uso de los bálagos ya se describió en el capítulo de la siega.
Con Máquina de trillar
En los años de 1930 llegaron las primeras máquinas de trillar, que realizaban las tareas de separar la paja del grano y cortar la espiga en paja. Antonio Pardos Pardos, alias el Tracalín, trajo la primera máquina de trillar, impulsada con un motor externo y sin tubo, teniendo que arrastrar la paja hasta el montón con la balastra, recuerda Fortunato. En esta década dos jóvenes emprendedores Plácido Gómez Arcos y Jacinto Gayarre Azcoiti compraron una máquina de trillar para alquilarla a los agricultores. A finales de los años cuarenta se alquilaban máquinas de trillar forasteras y el tractor que las transportaba, impulsaba su mecanismo con unas largas y anchas correas de cuero.
La alimentación de la máquina era manual, por lo que había dos hombres permanentemente en esa tarea y otras personas arrimándoles los fajos y a su vez cortando la cuerda o el fencejo (vencejo).
Pasado el año 1960 llegaron las primeras máquinas de cosechar que reunían en una sola máquina las tareas de la siega y la trilla a la vez, dando paso a la desaparición de la trilla.
El ablentado
El ablentado o aventado consistía en separar la paja del grano. Hasta finales de la primera mitad del siglo XX, esta tarea se realizaba tras la recogida de la parva en montones. Había que esperar al viento de la tarde y cuando comenzaba a soplar se lanzaba la paja y el grano al aire con una horca de madera y el viento separaba la paja del grano.
El aporgado era el último filtrado para separar la escasa paja que quedaba junto al grano, para ello se utilizaban cribas o areles manualmente y el trigo se recogía sobre una manta.
La
máquina de ablentar también separaba el grano de la paja de forma mecánica, mediante unas cribas horizontales que dejaban caer el grano por gravedad y la paja era expulsada hacia afuera de la máquina. El grano se podía recoger directamente en sacos o talegas.
Las cribas se movían hacia delante y hacia atrás mediante un sistema manual de manivela.. En la década de 1950 se sustituyeron por un motor de gasolina de dos tiempos.







Comentarios
Publicar un comentario